Hay una sola idea superior en la tierra: la de la inmortalidad del alma humana. Todas las demás ideas de las que puede vivir el hombre surgen de ella. Fiódor Dostoievski

Rusia sobrepasa la dimensión de país y de continente. El país más grande del mundo cubre la séptima parte de todo el planeta como un manto de colchas de distintas etnias, y se prolonga como una nube inmensa, ocupando todo el hemisferio norte del continente asiático. Y parece que esta inmensidad puede ser contagiosa. Como el padre que trasmite a sus hijos sus genes, los rusos son inmensamente relevantes en la historia de Europa, y recientemente, en la historia del arte del mundo.

En Rusia está esculpido, como una columna de la tierra, el volcán Kliuchevskói, el más alto de Eurasia, que disipa su ceniza por kilómetros. También el lago Baikal, con una superficie menor a la de los lagos más grandes de Estados Unidos, pero que contiene más agua que todos ellos juntos: Es el lago más profundo del globo. Y esto parece transmitirse también a su estirpe de hombres. La cinematografía y la literatura rusa heredó esa hondura exagerada, esa profundidad incomparable que tienen los planos de cualquier película de Tarkovski, o un personaje de alguna novela de Dostoievski.

Acá te contamos algunas de esas almas de las que Rusia ha quedado prendada. Personalidades que permanecen resplandecientes en las bóvedas de los retablos sagrados, impresos en colores y en movimientos irrepetibles en la historia.

Andrei Rublev, o cómo sugerir a Dios

Si nos preguntaran por pintores de catedrales, daríamos respuestas rápidas como: Miguel Ángel, Rafael o hasta pensaríamos en algún nombre italiano que nos suene. Pero muy pocos conocen la historia de uno de los hombres más enigmáticos del medioevo ruso, un santo de la Iglesia Ortodoxa y el personaje que obsesionaría a Andrei Tarkovski para dedicarle una película de casi cuatro horas.

La película dedicada a su vida estuvo a punto de ser censurada por el régimen
Tarkovski durante una entrevista, dijo: “Andrei Rublev no es tanto el héroe principal, sino la base y la razón para contar acerca de la fuerza espiritual y ética del pueblo ruso.”

Andrei Rublev, ante todo, es un misterio. Dicho esto, ya podemos empezar a darle adjetivos: es el iconografo más importante de la historia del arte ruso. Aún no se sabe dónde nació ni hasta cuando vivió, pero su obra se concentra en la primera mitad del siglo XV. Su encargo más importante fue pintar la Catedral de la Anunciación de Moscú, en todo el corazón del Kremlin. Una de las iglesias más deslumbrantes del mundo. Rublev inició como discípulo de Teófanes el Griego, uno de los grandes maestros del arte bizantino, a quién supero gracias a su visión radicalmente genial de los iconos rusos: logró imprimirles una flexibilidad inexplicable a figuras con trazos y contraste absolutamente simples.

Si aún no conoces Wikiart, y te gustaría dar un vistazo al a obra de Rublev, haz click aquí.

Todos sus santos guardan siempre en el rostro una sensación que solo es comparable al gesto de la Gioconda de Da Vinci, pues, permanecen en una ambigüedad expresiva que conmueve con humildad y recogimiento. Un monje sencillo que logró trasmitir la salvación al mismo tiempo que demostraba, con los colores, la existencia de la desazón y la desesperanza.  Sus iconos, reducidos a contornos para el espectador desprevenido, suscitan lo superfluo, pero también lo sagrado. Esa aleación fundamental, lo trascendente de las cosas cotidianas, lo fútil de la inmanencia divina. Rublev era un mago de los símbolos.

Simplicidad sin ostentación… No pudo decirlo mejor.
Veo que usted es un hombre sabio.
Si es así, ¿eso es bueno? Si uno es ignorante… ¿no es mejor seguir el dictado del corazón? En tanta sabiduría hay mucha pena, y quien aumenta su conocimiento aumenta su dolor. Andrei Rublev, la película del director Andrei Tarkovsky

El icono más conocido de Rublev
Esta es la obra más conocida

Andrei Rublev marcó la senda por la que transitarían todos los artistas, sin excepción, religiosos o no, que fueran a cambiar la historia del arte ruso.

Santificado por la Iglesia Ortodoxa, se convirtió en una figura patria durante la Revolución Rusa y un ejemplo beatifico de virtuosismo. Pero sería Andrei Tarkovski, con su película de 1966 quién revelaría una naturaleza intrínseca a su ídolo: Rublev no era un héroe activo sino un hombre dubitativo, temeroso y creyente; un prototipo de personalidad que el Partido Comunista no veía con buenos ojos. Rublev fue ante todo un artista humano, demasiado humano, perturbado por su contexto y consagrado a la fe en Dios, pero, casi en el mismo grado, a su arte.

¿Qué es lo que ocurre cuando el hombre que sale a buscar la verdad es, a la vez, un gran pintor? Lo que pasó con Rublev. Se apropiará del sufrimiento y la belleza que ve, de las tribulaciones y opresiones de un pueblo sumido en el terror y el hambre. Andrei Rublev lo plasmó todo en sus obras, sus figuras sugieren sugieren, en sus ojos, la experiencia de toda esa situación de ignominia.

La Catedral de la Anunciación en el centro de Moscú
La Catedral de la Anunciación en el corazón de Moscú es el templo que consagraría toda la fuerza expresiva del artista.

Rublev permanece a la sombra de otros artistas europeos de su tiempo, que lo oscurecen, debido al desinterés que hoy en día se tiene por el arte religioso. Pero sin duda, su persona es el algoritmo para comprender la espiritualidad, no solo rusa, sino de la humanidad, aferrada al arte como salvación y monumento a la vida.

Rublev es una invitación a descifrar lenguajes visuales, pero, ¿por qué no retarnos a aprender lenguaje ruso también? Acá te contamos lo que debes saber para aprender este idioma maravilloso.

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 Natalia Goncharova, el color de la primavera rusa

Por la noche, cuando ya no se trabaja, cuando el pincel descansa y termina por llegar el huésped.. Por las noches, en el estudio de Goncharova sale otro sol. Escribe Marina Tsvetáieva, en su biografía de la pintora.

No hay  forma más preciosa de entrar a los cuadros de Natalia Goncharova que no sea por medio de la biografía que le escribió Marina Tsvetáieva. Un texto desbocado por la devoción y la admiración que Tsvietáieva sentía por la creación de la pintora vanguardista. En ella reflexiona sobre la vida de la pintora: un camino florido, un caleidoscopio mágico de colores.

Retrato de la artista Natalia Goncharova
Este autoretrato muestra no solo sus rasgos, sino que también delata la paleta de colores con los que concibió el mundo.

La figura de Goncharova es toda una curiosidad, una desemejanza entre sus contemporáneos, una cubista genuina que logró descifrar las obturaciones del color sin ayuda de los expresionistas. Forjó su propia vanguardia, su propio descubrimiento, su propio arte.

Ella entabló un relación entrañable con las letras también. Acá te invitamos a seguir descubriendo la literatura rusa.

Goncharova estudió escultura, pero su rumbo estaría en la pintura. Uno de los momentos más importantes en el nacimiento de su estética es el encuentro con al arte folclórico ruso, hasta entonces, subestimado por los clasicistas. Goncharova encontró en estas expresiones populares la identidad del arte ruso, su particularidad como expresión de una primavera fría, pero igualmente colorida.

Tapiz pintado por Goncharova
Los colores son la síntesis de una cosmovisión. Una manera de evocar "el sentido espiritual del arte", como diría su contemporáneo y compatriota W. Kandinsky.

Sus obras son “borbotones de palabras, trazos de color grueso, ráfagas de luz hiriente, respiración entrecortada, como con el corazón palpitando en la garganta". En ella renacen las fragancias de flores cubistas y de colores pasteles que invocan un folclor mágico y brujo.

Natalia Goncharova, nacida en la Moscú zarista, dos décadas antes de la revolución, supo hacer del pincel su razón de vida. Crear, “crear de la nada, de la forma que fuera, con lo que se pudiera crear”. Sus telas gigantescas de diminutas catedrales rusas, sus pequeños jardines de papel en cajas de zapatos… sus lienzos silenciados, anotados con colores que dialogan como susurros en una patria conmovida por la violencia.

¡Son catedrales!, exclamaría algún crítico al visitar sus exposiciones. Catedrales creadas incesantemente.

La obra plástica de la pintora N. Goncharova
Los detalles cobran una predominanci alusinante. Emulando los tapices y las confecciones del arte folclorico ruso, Gonchrova logra aglutinar elementos hasta la creación de imagenes alusinantes.

Cualquiera de sus cuadros, ninguno necesita ficha técnica, su estilo es irrepetible, mientras que su alma permanece indistinguible entre los colores.

Sus imágenes son “visiones clarividentes” y no por eso menos humildes que los bosques, las pequeñas ciudades y los campesinos rusos. Su pintura es uno de los poco lugares donde todavía flota el aura maravillosa de la cotidianidad y la primavera.

Goncharova es un tesoro para mí

Si te interesa seguir alucinando con la obra de Goncharova, te invitamos a que leas esta pequeña reseña de sus exposición en Londres. 

Mikhail Baryshnikok y el arte de bailar la libertad

Considerado como un mito, estamos hablando de uno de los mejores bailarines del siglo XX. Uno de los cuerpos más icónicos de la guerra fría, debido a su vocación hacia la libertad, más allá de las elecciones políticas. Entre la tradición y la tempestad. Entre la elegancia y el dolor inasible. Un hombre desbocado al movimiento y a la revolución coreográfica. Un comandante de las insurrecciones somáticas que es, no cabe duda, tal vez el mejor bailarín.

Baryshnikov en una sesión fotográfica
Las posturas con las que Baryshnikov revolucionó en ballet son inconfundibles.

Baryshnikov todavía hoy sigue apareciendo en los mayores premios internacionales que se pueden dar en esta disciplina, dentro y fuera de los teatros y los ámbitos cinematográficos. Empezó sus estudios de ballet a los 9 años, en la misma ciudad en que nació, Riga, hoy día Letonia, pero que en aquel entonces hizo parte de la URSS.

Críticos y público anunciaron en él, desde el inicio, el nacimiento de una nueva estrella del ballet. Su necesidad de libertad, dentro como fuera del escenario, lo llevó a pedir asilo político durante una pequeña gira por Canadá y a no regresar a la URSS. Bailó en el Ballet Nacional de Canadá, se mudó a Nueva York y entró en el American Ballet Theatre como bailarín principal. Allí participó de innumerables ballets del repertorio clásico, como Nutcracker, La Bella Durmiente, El Lago de los Cisnes, Don Quijote. Un momento importante en su obra ocurre cuando llega al New York City Ballet para trabajar con Balanchine, otro de los maestro y coreógrafos rusos más importantes en la historia del ballet contemporáneo.

En 1980, tras la muerte de Balanchine, Baryshnikov inicia su trabajo intensivo en largometrajes estadunidenses como Turning Point (1977), para el que fue nominado para el Oscar al mejor actor de reparto, White nights (1985) y Company Business (1991).

Baryshnikok continua vivo ganando premios en EEUU
Baryshnikok aún sigue bailando, y seguramente será así hasta el día que se apague su cuerpo.

Misha, como lo llaman con cariño los críticos y el público que pudo verlo bailar sobre las tablas, lo consideran un bailarín del universal. En él, el ballet se vuelve una nacionalidad difusa que no necesariamente nos remite a Rusia. Misha, proveniente del pequeño país letón, demostró el carácter cosmopolita del cuerpo, de lo humano y de la belleza.

Si aún te quedan duda, te invitamos a comprobarlo en esta escena de White Nights.

Ahora, si lo que te interesa es el cine ruso, no te pierda esta lista de la mejores 5 películas de la cinematografía rusa y soviética.

Anna Pavlova, la muerte del cisne

Nació en San Petersburgo, la ciudad de las Noches blancas de Dostoievski, en el seno de una familia campesina de bajos recursos. Nació allí, en una época de siervos y de vasallaje sin salida. Ella declaró que su padre murió cuando ella tenía dos años de edad, aunque es probable que fuera hija ilegítima de un poderoso banquero. Su vida parece una versión realista de la fábula del patito feo.

San Petersburgo a cambiado mucho desde entonces, acá te contamos todos los detalles de esta ciudad esplendorosa.

Una mujer radiante en un contexto cruel de pobreza, que solo logró brillar con los atuendos blancos de la danza y los movimientos con los que descubriría la verdadera vocación de su alma: el ballet, que no es otra cosa que el destino de los cisnes.

La muerte del cisne consagro a Pavlova en vida y muerte
Su número más famoso fue La muerte del cisne, coreografiado para ella por Michel Fokine y estrenada en 1905 en su natal San Petersburgo.

Anna Pavlova se recuerda aún hoy como una porcelana en movimiento, como una libertad en la pequeña caja de música. Una bailarina de pasos evanescentes, de pasos flotantes de belleza incorpórea, volátil en la danza.

Pávlova cambiaría para siempre la tradición del ballet ruso, pero no solo hasta ahí, sino que interrumpió el ideal de bailarina que provenía de modales artísticos anacrónicos del siglo XIX. Los Puso a la orden del día. A finales de siglo “se esperaba de las bailarinas del Teatro Mariinski que fueran técnicamente fuertes, y esto significa, normalmente, tener un cuerpo poderoso, musculoso y compacto”. Pero Pávlova desencajaba de ese molde. Su silueta era delgada, de apariencia endeble y delicada; además sus pies tenían la particularidad de ser extremadamente arqueados, tanto que la obligaron a modificar la indumentaria agregando un pedazo de cuero duro en las suelas para soportar y aplanar el cuerpo de la zapatilla.

En la historia del ballet y la danza, Pavlova suscribió muchas renovaciones que van desde la vestimenta, hasta la coreografía, los modos y las manera de armonizar con la música. Sobresalió en la interpretación de los ballets románticos, pero su genio no se reducía solo a un género. En 1919 ,durante una gira en México, fue una de las primeras bailarinas clásicas en ejecutar el danzas folclóricas latinoamericanas, vestida y todo con la indumentaria de chinita poblana. Si quieres saber todos los detalles de la estancia de Pavlova en América, no te pierdas este atículo.

Su figura es inconfundible para el ballet y la danza
Otras interpretaciones en las que destacó fueron El lago de los cisnes, Giselle, Las Sílfides y Coppélia.

"Tocad aquel último compás muy suavemente". En 1931, después de bajar de un tren en Países Bajos, un viento que empezó como resfrío evolucionó en una infección pulmonar que la debilito hasta la muerte. De acuerdo con la tradición del ballet, en el día que ella tenía que actuar después, el espectáculo fue programado con un solo proyector que iluminaba el escenario vacío donde debería estar la bailarina, para rendir un tributo a su baile. La obra que dejó sin presenta fue, precisamente, La muerte del cisne.

De ella nos quedan la danza y algunas palabras que dijo Ruth St. Denis, una popular bailarina moderna:

Pavlova vivió en el umbral del cielo y de la tierra como intérprete de los caminos de Dios.

Si quieres saber todo sobre cultura rusa, te recomendamos que sigas leyendo con nuestra pequeña guía. 
O si ya decidiste viajar a Rusia, acá está todo lo que debes saber para empezar a hacer tu maleta.

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Jose

Jose Gabriel Dávila. Investigador y escritor. Apasionado de la poesía china. Con un pie en la editorial y otro en la escritura, el zen y la cocina.